
La niebla abrió una ventana breve sobre tejados de madera. Tenía Portra 400 a 200, trípode listo y composición pensada desde hacía veinte minutos. El viento cambió, sujeté el parasol con la mano y expuse medio paso arriba. El resto del carrete fue correcto, pero ese fotograma concentró la paciencia de la caminata entera.

Relámpagos a lo lejos tentaban a cerrar demasiado. Opté por Ektar 100 con ND moderado, priorizando textura en nube y espuma. Un intervalo cronometrado y trípode al ras del suelo aguantaron ráfagas. Me retiré cuando el mar ganó losas; ninguna foto vale una caída. Aprendí a leer olas tanto como histogramas futuros del escaneo.

Las restricciones prohíben trípode en varias galerías, así que subí ISO con HP5+ a 1600 y apoyé la cámara en barandas, disparando con respiración contenida. La humedad pedía limpieza inmediata al salir. No forcé tomas donde el grupo necesitaba avanzar. La foto más valiosa fue aceptar límites y llevarme el sonido del agua dentro de la roca.